Después de la presentación de nuestros compañeros, los cuáles han tratado el colectivo de niños con altas capacidades intelectuales, hemos podido conocer a un grupo de personas que aparecen de una forma especial en nuestra sociedad, que sabemos que existen y que son tratados de una manera diferente al resto.
Todos hemos escuchado alguna vez hablar de ellos o hemos topado con algún compañero de estas características en la infancia (como es mi caso en la E.S.O).
Hoy día, al término “superdotado”, se le atribuye una connotación negativa, cambiando esta “etiqueta” por niños con altas capacidades intelectuales. Personalmente, no conocía casi nada de esta característica físico-intelectual, a la cual, por norma general se asocia a "prodigio, genio, talento"…sin saber que ello también puede acarrear consecuencias negativas en el ámbito personal y social de esa persona.
Parece que a lo largo de la historia se ha asignado a las personas que mostraban altas capacidades intelectuales diferentes estereotipos y prejuicios, por mostrar características y conductas diferentes a la mayoría de la población ya que no corresponder con patrones estándar.
En mi opinión, estas atribuciones y elogios acompañan por regla general a estas personas en el sentido que se piensa que por tener unas altas capacidades no tienen necesidades educativas como cualquier otro niño y es alguien que se puede desenvolver solo en cualquier situación; por lo tanto , pueden también sufrir “discriminación positiva”.
Es aquí donde pueden entrar los problemas acarreados por la falta de atención especializada que este colectivo infantil necesita para su adecuado desarrollo. Por ejemplo, una de las consecuencias negativas de ello es que presenten una conducta socioemocional de frustración por su inactividad en clase y su afán puede distorsionar a otros, catalogando esto como una situación de incordio o calificándolos de “sabelotodo”, cuando lo que ocurre es normal. Pienso que sería equiparable a que un niño de 10 años asistiera a una clase de párvulo, para él sería pan comido aprender las letras cuando ya sabe leer y escribir.

Estos factores de riesgo los desconocía y me ha llamado bastante la atención el que muchas veces estos niños desarrollan problemáticas asociadas a sus particularidades, como el síndrome de Disincronía, ya que sufre un desajuste entre su desarrollo intelectual, y su desarrollo emocional. También el efecto Pigmalion, que hace que las expectativas de otros influyan de manera perjudicial en su autoestima.
Otro aspecto que me ha llamado la atención y que me parece de una gran negligencia o falta de atención por parte del entorno del menor, es la confusión de la superdotación con la hiperactividad, llegando a medicar al niño sin tener este trastorno que en mi opinión, está tan “de moda” en diagnósticos educativos y médicos.
Es verdad que son diferentes, que son intelectualmente superiores, pero esto puede llevar a un fracaso escolar por su comodidad de no esforzarse y pérdida de interés, o peor aún: a un fracaso social y emocional. Pueden ser rechazados por sus compañeros, amigos, e incluso por su familia o profesores. Parece curioso que la falta de información o falsa información sobre este colectivo hace que los padres en la mayoría de los casos, no comprendan la situación de sus hijos y mucho menos las necesidades de los mismos, por lo que no reciben una atención adecuada.
Por otra parte, el sistema educativo adopta medidas especiales para estos niños con altas capacidades intelectuales, las cuales son más destacadas estas tres:
Todos estos hechos, ponen de manifiesto la necesidad de intervenir con estos niños y para ello son diferentes las vías de intervención que se proponen:
- Aceleración: adelanto del alumno en uno o más cursos escolares
- Agrupamiento: formación de grupos de niños, a tiempo total o parcial, según sus capacidades y habilidades.
- Enriquecimiento: consiste en el diseño de programas ajustados a las necesidades propias de cada alumno, con el fin de satisfacer los procesos cognitivos superiores y a favorecer el desarrollo personal.
En mi opinión, aunque se haya comprobado que esta medida es satisfactoria o más bien productiva, se olvida que no deja de ser segregadora, agrabando esos prejuicios y estereotipos, perjudicando el desarrollo social con los compañeros de su edad. Sería más correcto y beneficioso para el niño que éste siguiera en su clase, con niños que no comparten su desarrollo intelectual pero sí emocional, pudiéndose adaptar el curriculum al igual que debería adaptarse a otros niños que tuvieran dificultades de otro tipo.
Por suerte, no somos todos iguales y desde siempre ha habido, hay y habrá niños con características intelectuales, emocionales y físicas diferentes dentro de una clase. Es una solución fácil separar a éstos del resto de los niños “normales”, pero ¿y el que no llega a los mínimos exigidos por el curriculum? ¿Habría también que separarlos del resto?. Pues mi respuesta es no, lo que se debería cambiar son los métodos de enseñanza-aprendizaje y adaptar los programas a los alumnos que son los protagonistas y sujetos de la educación.
Por otra parte, la figura del educador social no tiene mucha repercusión en este colectivo, enfocándose más el problema en la educación formal. Sin embargo, si podemos mencionar el desarrollo social de estos niños en el que sí intervienen la educación social desde el tercer sector. En cuanto a los problemas del diagnóstico y tratamiento de la familia de esta característica intelectual, si se podrían realizar muchas acciones desde la educación social que tengan que ver con la prevención y la intervención social. Proporcionar información sobre el colectivo, sus características, su tratamiento etc.
Para finalizar, me gustaría comentar algunas creencias falsas que tenía acerca de la superdotación intelectual.
- Una persona con altas capacidades intelectuales no sólo tiene facilidad y aplicación en una tarea y alta capacidad intelectual, sino que también ha de poseer creatividad Teoría de los Tres Anillos o del Triple Enriquecimiento de J. S. Renzulli,(1978)

- No es “coeficiente intelectual”, pues según expusieron los compañeros, su verdadera denominación es “cociente intelectual”, al ser el resultado de una división.
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Prueba
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